Creo que todos tenemos muchos
motivos para salir a la calle a expresar nuestro descontento.
Para empezar, se nos está
cargando con un peso que no tenemos por qué llevar a nuestras espaldas.
Nuestros políticos solicitaron ayuda al Banco Central Europeo (dinero que, por
cierto, es dinero público) para rescatar a los bancos privados. Personalmente
no estoy en contra del rescate de los bancos, porque estamos desgraciadamente
en sus manos y si caen ellos, caen con todos nuestros ahorros. Pero el rescate
debe ser controlado rigurosamente, y más aún cuando hablamos de dinero público.
¡Es nuestro dinero! Y no tenemos por qué permanecer quietos y conformarnos con
esta forma de actuar.
Salimos a la calle porque sabemos
que hay otras alternativas. Islandia es el claro ejemplo, y curiosamente ningún
medio habló demasiado de él. En 2008 su
sistema bancario quebró, y el gobierno decidió no rescatar a ningún banco y
sorprendentemente no fue ninguna catástrofe.
Se aseguraron las cuentas corrientes para que los ciudadanos no
perdieran su dinero. El gobierno hizo un balance de cuánto dinero se perdería
optando por que se rescatasen a los bancos, o por su no rescate. Se decidió lo segundo.
El pueblo islandés comenzó las
protestas de su “Revolución Islandesa” con dos decenas de personas. Poco a poco
se convirtieron en miles, y acamparon haciendo turnos.
Se consiguió la dimisión del
gobierno, del director del Banco Central y del director de la supervisión
financiera del país. Se consiguieron
también elecciones generales y una reforma de la constitución.
La deuda es de bancos y empresas privadas, no
de los ciudadanos de a pie. Por eso gritamos ‘no debemos, no pagamos’. Sabemos
que se puede solucionar de otra manera, y no con reformas laborales, recortes
de servicios sociales, y rescate de las bancas.
Por último, he salido a la calle
por mi futuro y el de todos los jóvenes españoles. Con esta situación de
recortes sólo consiguen nublar nuestros sueños, y obligarnos prácticamente a
salir del país para conseguir un trabajo. Me quedan dos años para terminar la
carrera, y no sé realmente si para ese día habrá posibilidad de trabajar en lo
que quiero.
Están propiciando un ambiente de
tal descontento, que lo único en lo que va a desembocar es en una revolución
social y una fuga de cerebros.


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